"Todo comienza con Dios" - Reflexiones para maestros cristianos

¿Has pensado alguna vez que Dios es el centro del proceso educativo?

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Location: chiclayo, lambayeque, Peru

Martín cabrejos Fernández.

Wednesday, October 11, 2006

Mi confianza está puesta en Dios

”Aunque pase por quebradas oscuras no temo pues tú estás conmigo”
Salmos 23.
Uno de los errores más frecuentes que cometen los hombres es poner su confianza en otros seres humanos olvidando su debilidad y natural tendencia a fallar. Podemos decir, en general, que todos tenemos confianza en determinadas personas. Si no fuera así, la vida sería imposible, empezando por la vida familiar.
Es imposible que exista convivencia humana sin que exista cierto grado de confianza entre las personas. Aunque nuestra confianza pueda ser cautelosa o limitada a ciertos aspectos, todos, de una u otra manera, confiamos en nuestros familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, jefes, etc.
Pero ¡cuántas veces hemos sido defraudados! ¡Cuántas veces la persona en quien más confiábamos comete un grave error que nos perjudica, o nos vuelve las espaldas cuando más la necesitamos! ¡O peor aún, nos traiciona!
No hay quien no haya pasado por este tipo de experiencias muy dolorosas y hasta traumáticas, cuando la persona que nos falla es precisamente la que más amamos.
Pero no deberíamos sorprendernos ni quejarnos de que eso ocurra porque es inevitable que las personas fallen. Es inevitable porque el ser humano es por naturaleza falible, limitado, sujeto a error, egoísta, desconsiderado. Tiene que ocurrir un día. Nos fallan porque nosotros también fallamos.
Sólo hay un ser que es en quien podemos confiar enteramente nuestros secretos sin temor de que los divulgue. Sólo hay un ser que no es limitado ni falible, que no puede cometer errores y que no es egoísta, sino, al contrario, absolutamente desinteresado y que, además, nos ama infinitamente. Ese ser es Dios.
Pero tendemos a poner nuestra confianza en seres humanos porque son ellos los que tenemos a nuestro lado, a quienes vemos, a quienes amamos. Muchos dicen: «A Dios no lo vemos, no sabemos donde está; ni siquiera sabemos si nos oye; y si lo hace, no sabemos si quiera si nos hace caso.»
Dicen eso porque no conocen ni tratan a Dios y por eso no tienen la fe que deberían tener. Se preguntan: «¿En dónde estará Dios?¿en qué confín del cielo?»
Generalmente nuestra confianza en las personas depende de cuánto las conocemos. A medida que tratamos a la gente inconscientemente la juzgamos y evaluamos hasta qué punto podemos confiar en ellas. Adquirimos también cierta experiencia. Si hemos encargado a un compañero de trabajo diversas tareas y responsabilidades y siempre las hace bien, terminará por convertirse en nuestro compañero de confianza.
La confianza nace y crece con el uso. Y hasta cierto punto todos terminamos amando de alguna manera a las personas en quienes confiamos precisamente porque confiamos en ellas.
Tener alguien en quien podemos realmente confiar nos da seguridad, y ¡qué triste es cuando no se cuenta con nadie en quien poner nuestra confianza! Pero si conociéramos a Dios, si realmente lo conociéramos, entonces sabríamos por experiencia cuánto podemos confiar en él. Conoceríamos a alguien en quien realmente sí podemos confiar a ciegas.
Supongamos que ponemos nuestra confianza en una persona, en su apoyo, conocimiento, consejo, influencia, y dinero. Cuando muera y ya no este allí todo su conocimiento, todo su influencia, todo su poder, todas sus intenciones de ayudarnos, se las tragó la tierra, desaparecieron. Ya no puede hacer nada por nosotros.
Pero Dios nunca desaparece, nunca nos falta, siempre está allí.Hay tres razones por las cuales podemos confiar en Dios sin límites:
· Dios todo lo puede y para él no hay nada imposible.
· Dios todo lo sabe y sabe mejor que nosotros mismos qué es lo que más nos conviene.
· Dios nos ama con amor infinito y por encima de todo quiere nuestro bien.
Si Dios, pues, quiere nuestro bien, sabe cómo hacerlo y puede hacer todo lo que quiere ¿cómo no confiar en Él? Esto no significa que no debemos confiar en nadie ni apoyarnos en nadie. La vida sería imposible si no pudiéramos contar con las personas ya que Dios las ha puesto ahí para ayudarnos y nosotros, a su vez, las ayudemos. Pero ¿en quién confiamos primero? ¿En quién confiamos más? ¿En Dios o en el hombre?.
Si sobreviene de improviso un problema serio que nos angustia,¿a quién llamo? ¿A mi abogado?¿A mi amigo? ¿A mi tío que tiene mucha influencia?
Confiar en Dios te dará serenidad en el momento crítico.¡Jesús! es un grito que ha salvado a muchos de situaciones difíciles. Ten su nombre bendito a la mano.
¿Y cómo lo tendrás a la mano si no lo tienes en el corazón? Si conociéramos a Dios, sabríamos cuánto podemos confiar en Él en cualquier circunstancia. Pero ¿cómo le conoceremos si no le hablamos? ¿Cómo le conoceremos si no tratamos con él?
Cuando le hablemos como a un amigo, empezamos poco a poco a conocerlo, y aprendemos a escucharlo. Él nos habla siempre, el problema es que no reconocemos su voz entre las muchas voces que nos hablan. Él no habla necesariamente con palabras audibles pero sentimos en nuestro corazón sus respuestas y aprendemos a distinguir su voz.

“Cuando entre sombras camine
Cuando quebradas me rodeen
Cuando circunstancias amenacen
Cuando a mi hermano no sirva
Cuando a mi amigo le falle
Cuando golpee a los míos
Cuando me llene de ira
Cuando levante los ojos
Cuando una lágrima brote
Cuando un gemido se escuche
Cuando del alma una súplica
Eleve hacia ti con ansias de perdón
Recordaré, que tú eres perfecto
Que siempre me esperas
Que nunca me dejas
Que soy una oveja
Que tú eres pastor
Que nada ni nadie
Podrá alejarme de tu amor”

1 Comments:

Blogger Noemi said...

hermosa reflexión. bendiciones
Mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com

9:24 PM  

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